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La investigación, un paso insoslayable hacia la curación

| 4 febrero, 2019

El Día Mundial del Cáncer es una de las pocas efemérides que se han puesto en marcha con el deseo de que se borren del calendario lo más pronto posible. Aunque todavía tenemos mucho que hacer para conseguirlo, es importante resaltar que cada día estamos más cerca al haberse alcanzado ya cotas de supervivencia cercanas al 55%. Un reto realista es conseguir elevar estos porcentajes por encima del 70% en los años venideros con el fin de evitar que una de cada 3.8 perso3nas muera todavía de cáncer en el 2030. La mejoría en las estadísticas actuales de supervivencia ha sido posible gracias a la puesta en marcha de programas de detección precoz, el establecimiento de equipos multidisciplinares, la optimización de los tratamientos radio y quimioterápicos así como la implementación de nuevas herramientas diagnósticas y terapias dirigidas como, por ejemplo, la inmunoterapia. Gracias al avance en la catalogación de todas las alteraciones genéticas presentes en tumores y el conocimiento de los procesos biológicos que se alteran en los mismos, es previsible también que se descubran en un futuro cercano nuevas vulnerabilidades en las células tumorales que, en última instancia, permitan el desarrollo de terapias dirigidas hasta ahora desconocidas. Quién sabe si, tal como pasó con la inmunoterapia hace doce años, haya ya algún científico trabajando en un proceso biológico ignoto hasta ahora que permita desarrollar una nueva terapia en la próxima década.

Independientemente de lo que nos depare el futuro, una cosa es segura: sin investigación nunca podremos progresar hacia mejores tasas de curación. Con ello nos referimos tanto a la investigación básica como a la que incide de forma más inmediata en los pacientes de cáncer. En este sentido, el Día Mundial del Cáncer representa una buena oportunidad para evaluar cuál es la salud de la investigación en cáncer de nuestro país. El Informe sobre el Estado de la Investigación e Innovación en Cáncer en España, realizado recientemente por nuestra organización en colaboración con la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) y la Fundación La Caixa, ha puesto de manifiesto las fortalezas y debilidades de nuestro sistema. Entre las primeras, el dato más sobresaliente es que los grupos científicos españoles tienen una productividad científica comparable a los países punteros en investigación tanto a nivel cualitativo como cuantitativo, tienen un éxito proporcionalmente mayor que los de otros países del entorno en la captación de financiación internacional y, también, por su alto grado de participación en la realización de ensayos clínicos. Estos datos positivos son herederos, sin duda, del esfuerzo que el país ha hecho en su conjunto a lo largo de los años de democracia en la formación de científicos básicos y clínicos, la adquisición de infraestructuras punteras, el desarrollo de programas de investigación, la captación de talento joven y la atracción de inversión en I+D privada. Este esfuerzo alcanzó un impulso mayor en la primera década de este siglo, lo que facilitó la creación de centros de investigación punteros en cáncer como el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de Madrid, el Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca o el Institut de Reserca Biomèdica de Barcelona. Sin embargo, nuestro informe revela que este impulso ha quedado hipotecado tras el inicio de la crisis en el 2010. El resultado de ese impase ha sido demoledor para nuestro tejido investigador: desde ese annus horribilis se produce una reducción progresiva en los niveles de financiación, del número de científicos que investigan en cáncer, un envejecimiento significativo de estos y una pérdida de talento joven que, una vez más, vuelve a hacer ciencia de calidad fuera de nuestro país. Como muestra basta un botón: la financiación media de los proyectos de investigación de la sección de cáncer financiados por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades ha caído un 25% estos últimos años (sin contar la inflación). Se puede decir de forma rotunda que, con esos recortes, es prácticamente imposible hacer ciencia competitiva y puntera si no se consigue financiación complementaria de fuentes internacionales. Esta falta de financiación ha creado también sesgos muy importantes en los ensayos clínicos que se realizan. Por ejemplo, a diferencia de otros países, estos ensayos son financiados en casi un 80% por la industria farmacéutica. Esto hace que estén fundamentalmente dirigidos a la prueba de fármacos nuevos y a tumores muy concretos, dejando de lado otros tumores menos prevalentes y la investigación sobre aspectos más centrados en el bienestar del paciente que carecen de interés comercial. Este sesgo no es extraño dado que, según revela nuestro informe, España solo ha invertido durante estos diez últimos años solo 300.000 euros en programas específicamente dirigidos a la financiación de ensayos clínicos independientes. En el mismo periodo, Francia ha invertido 120 millones de euros en programas similares. En nuestra opinión, estos recortes han obedecido más a criterios políticos que a los económicos derivados de la crisis, puesto que otros países de nuestro entorno han tenido incrementos medios del 25% en la financiación de la investigación en cáncer durante el mismo periodo. En términos quizá más gráficos, España está ahora mismo invirtiendo por habitante la mitad y un tercio menos que Francia y Alemania, respectivamente. La única luz que se ha visto en este periodo ha sido afortunadamente el incremento muy sustancial de la financiación procedente del mecenazgo social entre la que destaca, por ejemplo, los fondos aportados por la AECC y la Fundación La Caixa. Si no queremos detener el progreso en el conocimiento y tratamiento de esta enfermedad, es obvio que la tendencia negativa en inversión en investigación oncológica tiene que cambiar ya. Sigue siendo bastante frustrante, sin embargo, el hecho de que la ciencia siga siendo siempre la gran olvidada en las medidas que los gobiernos del país han llevado a cabo recientemente.

Para cambiar esta dinámica negativa, nuestra Asociación propone la puesta en marcha de políticas que apuesten por la investigación básica, traslacional y clínica en cáncer así como la implementación de una estrategia nacional que permita abordar de forma integrada los retos todavía existentes que afectan al diagnóstico y tratamiento de pacientes de cáncer. Sin estas políticas de luces largas, difícilmente podremos aspirar a conseguir las cotas de supervivencia del 70% que nos hemos puesto como meta en el 2030. Nuestra Asociación también considera que, dado el grado de deterioro actual, nuestro sistema no puede esperar como Penélope la llegada de un Ulises cargado con nuevos presupuestos del estado maravillosos, planes de la ciencia consensuados o políticas que impliquen soluciones a largo plazo. Mientras se teje y desteje esa madeja, creemos que se necesitan soluciones temporales a muy corto plazo que reviertan o, al menos aminoren, este deterioro de nuestro sistema de investigación.


Dr. Xosé R. Bustelo
Presidente de ASEICA
Vicedirector del Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca e Investigador Principal del Centro de Investigación Biomédica en Red de Cáncer (CIBERONC)
Dr. Luis Paz-Ares
Presidente electo de ASEICA
Jefe de Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, Investigador Principal del CIBERONC y Presidente del Comité Técnico Nacional de la AECC

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Category: Cáncer, Noticias

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