Xosé Bustelo, presidente de ASEICA, critica en este artículo de opinión publicado en El Mundo la pasividad del Gobierno ante la oferta de los investigadores de “arrimar el hombro” para aumentar la capacidad de realizar pruebas diagnósticas con PCR

La situación creada por la pandemia de la Covid-19 ha puesto de manifiesto lo vulnerables que todavía somos en pleno siglo XXI a enfermedades que podríamos catalogar casi como medievales. Afortunadamente, la ciencia ha avanzado muy significativamente desde los tiempos de la peste negra. El agente infeccioso de esta nueva enfermedad, el virus SARS-Cov-2, fue identificado y su código genético esclarecido muy rápidamente al inicio de la propagación del mismo. Una semana más tarde ya se habían diseñado métodos moleculares para diagnosticar a los pacientes que tuviesen el patógeno. Y, muy poco después, se pudieron desentrañar sus puntos débiles para empezar a desarrollar fármacos y vacunas. Lamentablemente, la puesta en marcha de los tratamientos todavía ha de esperar, puesto que su desarrollo necesita múltiples pasos difíciles de acortar destinados a asegurar la eficacia de las nuevas terapias y, sobre todo, que estas no tengan efectos perjudiciales para la propia salud de los pacientes. Pero, aunque esto no sirva de consuelo para los pacientes que sufren la Covid-19 actualmente, estén seguros de que esos tratamientos llegarán más pronto que tarde. Y todos nos beneficiaremos de ello.

Como consecuencia de lo anterior, durante estas semanas de confinamiento hemos tenido la oportunidad de escuchar múltiples declaraciones de responsables políticos sobre lo importante que es la ciencia, la innovación y la tecnología para nuestro país. En este contexto, destacan las declaraciones entusiastas del señor Pedro Duque, nuestro Ministro de Ciencia e Innovación. La verdad es que, como representante de una Asociación que reúne a más de 700 científicos especializados en cáncer, no puedo estar más de acuerdo con él. Sin embargo, como científico que conoce y sufre nuestro sistema de I+D+i, me hago la pregunta de qué está haciendo el Sr. Duque para traducir sus declaraciones en algo tangible para nuestro sistema científico.

No me voy a extender aquí en la explicación detallada de los problemas crónicos de nuestro sistema científico ya descritos en tribunas similares por otros investigadores. Simplemente enumeraré unos cuantos: falta de financiación crónica, poca constancia en las estrategias científicas del país, alto grado de inestabilidad laboral, envejecimiento general de los líderes de grupos de investigación, asfixia burocrática, falta de apoyo a los investigadores jóvenes y la pérdida de talento. Lo que sí me gustaría es centrarme en qué esta pasando en estos momentos de Covid-19, una situación que ilustra lo lejos que todavía estamos de solventar estos problemas.

Simplemente enumeraré unos cuantos: falta de financiación crónica, poca constancia en las estrategias científicas del país, alto grado de inestabilidad laboral, envejecimiento general de los líderes de grupos de investigación, asfixia burocrática, falta de apoyo a los investigadores jóvenes y la pérdida de talento.

Esta claro que la Covid-19 ha provocado un estrés grande sobre todo el sistema científico del país a lo largo de estos dos meses: centros de investigación cerrados, pérdida de modelos experimentales clave que tardarán en volverse a rescatar, investigadores con contratos temporales que ven sus líneas de trabajo interrumpidas, cancelación de múltiples actividades y reuniones científicas y, lamentablemente, un largo etcétera. No nos quejamos. El confinamiento era algo que había que hacer para reducir el pico de expansión del virus y se hizo. Y no nos miramos al ombligo: somos conscientes de que casi todos los sectores económicos están en una situación precaria como consecuencia de la pandemia que asola nuestro país. Sin embargo, es un poco preocupante que esta situación de cierre se perpetúe en el tiempo y que el Gobierno, pese a sus declaraciones retóricas, siga considerando todavía a la ciencia como actividad “no esencial”. Debido a ello, mientras otros colectivos como el de la construcción están ya trabajando, nuestra actividad investigadora sigue todavía cercenada a día de hoy. Seguimos, por tanto, con las taras acostumbradas de nuestro sistema económico: ladrillo sí, I+D+i no. Desescalada segura y con garantías sí, por supuesto, pero creemos que los centros de investigación experimental tienen que empezar a trabajar ya. No olvidemos, por ejemplo, que la pandemia del cáncer va asociada con la muerte de casi 135.000 personas cada año en nuestro país. Y que, en el caso de cánceres concretos, la mortalidad de los pacientes aún está por encima del 90%. Ni el cáncer ni los pacientes pueden esperar más. Y lo mismo aplica a las investigaciones sobre las demás patologías frecuentes que sufren nuestros ciudadanos, incluyendo la propia Covid-19.

Desescalada segura y con garantías sí, por supuesto, pero creemos que los centros de investigación experimental tienen que empezar a trabajar ya.

Otro síntoma descorazonador relacionado con lo anterior ha sido la sordera generalizada ante la solicitud de muchos centros de investigación del país para “arrimar el hombro” en el diagnóstico de personas portadoras del virus SARS-CoV-2. Aquí se ha visto nuevamente el desinterés (o falta de confianza) de los gobiernos centrales y autonómicos por la utilidad de la ciencia en nuestro país. Claramente, es más cómodo importar unos kits poco fiables que aprovechar las plataformas científicas que nuestro propio país posee para la realización de los análisis por PCR. Esta situación ha puesto también de manifiesto otro de los eternos problemas de nuestro sistema de I+D+i: la burocracia y el papeleo que se asocia con cualquier iniciativa científica que se quiera realizar en nuestro país. Lo importante y crítico durante todo este tiempo de emergencia parecía ser el tener que conseguir “las acreditaciones” para hacer las PCR, aunque nadie tuviese idea de qué hacer después con los centros acreditados. Afortunadamente, como los científicos somos tercos, estas barreras se fueron superando a fuerza de llamar machaconamente a la puerta y, en estos momentos, estos diagnósticos se están implementado en varios centros de investigación del país. Pero, en el proceso, se han perdido 40 días preciosos en superar barreras administrativas en vez de haberse puesto en acción desde los primeros días de la pandemia. Cuánto hubiera ayudado, ahora que hablamos de desescalada, el tener en estos momentos información exhaustiva sobre cómo es la distribución de positivos para SARS-CoV-2 a nivel nacional. Esperemos que sirva de lección para la próxima vez.

Llama también la atención el hecho de que, pese a las manifestaciones entusiastas sobre la importancia de la ciencia de nuestro Ministro de Ciencia e Innovación, sigamos sufriendo los usos y costumbres negativos típicos de nuestro sistema de I+D+i. Así, la Agencia Estatal de Investigación (AEI), un organismo autónomo del Ministerio de Ciencia e Innovación que se encarga de la evaluación y financiación de la gran mayoría de los proyectos científicos de nuestro país, ha anunciado con la presteza a la que nos tiene acostumbrados que retrasa la concesión de los proyectos que tiene actualmente en evaluación y, cómo no, también el de la nueva convocatoria de proyectos prevista para septiembre de este año. Y esto a pesar de que, desde el 1 de enero de este año, un tercio de los investigadores del país están sin proyecto activo o con proyectos prorrogados. Claro que no hay de qué preocuparse: por supuesto, la AEI ha decido graciosa y generosamente conceder a estos investigadores una prórroga automática de varios meses adicionales que, como también es habitual, no conlleva financiación extra alguna. Para los científicos, esta situación es análoga a ponernos a jugar una prórroga de una final de fútbol sin balón. Ustedes dirán, hombre, es por culpa de la Covid-19. Puede ser, pero los mismos problemas los sufríamos cuando el SARS-CoV-2 ni estaba ni se le esperaba.

Pese a las manifestaciones entusiastas sobre la importancia de la ciencia de nuestro Ministro de Ciencia e Innovación, sigamos sufriendo los usos y costumbres negativos típicos de nuestro sistema de I+D+i.

Es lamentable que la AEI, una agencia ampliamente demandada y defendida por todos los científicos, no sea o no quiera ser consciente de que hay múltiples gastos en los que los grupos de investigación siguen incurriendo pese al periodo de actividad (salarios, mantenimiento modelos animales, actividades inaplazables que tienen ahora costes mucho más elevados, publicaciones científicas, etc.). Creo que, ante situaciones extraordinarias como esta, también se necesitan soluciones extraordinarias. Y esto no puede hacerse siguiendo la política del avestruz tradicional de la AEI. Una de las soluciones que propone nuestra Asociación, por ejemplo, es la prórroga automática de los proyectos que finalicen este año por 12 meses adicionales, obviamente con financiación. Una medida similar se ha anunciado, por ejemplo, en Alemania en fechas recientes. Y, por supuesto, acabar con los desfases del calendario de proyectos de la AEI que tiene previsto dejar sin financiación a muchos investigadores del país un mínimo de 8 meses en los próximos dos años haya o no haya Covid-19. La falta de nuevos presupuestos ya no vale de disculpa. ¿Cuántas partidas de gasto nuevas se han aprobado estos días con los presupuestos de Montoro todavía vigentes? ¿No era la ciencia una actividad esencial para superar la situación en que nos encontramos? AEI, repetimos: ¡a problemas extraordinarios, soluciones extraordinarias!

Mientras tanto, ¿qué hace el Ministro? Como en el hundimiento del Titanic, sigue tocando la partitura de lo importante que es la ciencia mientras los científicos se ahogan en el Atlántico de las grandes declaraciones de principios. Señor Pedro Duque, ¡nuestro sistema científico necesita menos Twitter y proclamaciones genéricas y más Boletín Oficial del Estado! Recuerde, por favor, que es usted Ministro y que, desde los tiempos de Montesquieu, los ministros pertenecen al poder ejecutivo y no al deliberativo. Déjenos a las sociedades científicas reivindicar la ciencia y alertar sobre sus problemas, esta es nuestra tarea. Ocúpese usted, por favor, de irlos solventando modesta y paulatinamente. Todos se lo agradeceremos, pero, sobre todo, lo hará el país y las generaciones futuras.

Mientras tanto, ¿qué hace el Ministro? Como en el hundimiento del Titanic, sigue tocando la partitura de lo importante que es la ciencia mientras los científicos se ahogan en el Atlántico de las grandes declaraciones de principios.

Dr. Xosé R. Bustelo

Presidente de la Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer (ASEICA)

 

Ver artículo en El Mundo edición impresa